Preparar tu bicicleta para el otoño: checklist esencial

El verano terminó y los días de sol eterno, carreteras secas y esa falsa sensación de que tu bicicleta es indestructible se han ido. Bienvenido al otoño, esa estación que separa a los ciclistas de fin de semana de los que, por alguna razón que la ciencia aún no explica, decidimos seguir pedaleando entre hojas muertas, charcos y una luz que se desvanece demasiado pronto. Si quieres que tu máquina te siga el ritmo sin desintegrarse en el primer aguacero, es hora de ponerse serios. Ignorar el mantenimiento ahora es comprar un billete de lotería para quedarte tirado en el lugar más frío y alejado posible. Esta no es una guía para optimistas, es un checklist para realistas. Vamos a preparar tu bicicleta para el otoño de verdad.

La limpieza profunda, esa que siempre pospones

Sí, hay que empezar por aquí. Y no, no vale con pasarle un manguerazo por encima. Una limpieza a fondo no es por estética, es un diagnóstico. La suciedad del verano, el polvo y los restos de lubricante seco ocultan problemas que en otoño se magnifican: fisuras, óxido incipiente, tornillos sueltos.

El proceso es metódico y aburrido, pero necesario:

  • Desengrasa la transmisión: Cadena, platos, cassette y roldanas del cambio. Usa un desengrasante específico para bicicletas, no el que tienes en la cocina. Un cepillo duro y un limpiador de cadenas harán el trabajo sucio. Una transmisión limpia no solo funciona mejor, sino que te permite ver el desgaste real.
  • Lava el resto: Con un cubo de agua, jabón neutro (o un limpiador de bicis) y una esponja suave, limpia el cuadro, manillar, tija, sillín y ruedas. No uses agua a alta presión, a no ser que tu objetivo sea meter agua en los rodamientos y arruinar el buje o el pedalier.
  • Secado y revisión: Seca todo con un trapo limpio. Este es el momento de la verdad. Pasa los dedos por el cuadro, especialmente en las soldaduras (si es de aluminio) o en las uniones (si es de carbono). Busca cualquier cosa que no debería estar ahí: grietas en la pintura, abolladuras, fisuras. Revisa que no haya nada extraño.

Una bicicleta limpia es una bicicleta que puedes inspeccionar correctamente. Saltarse este paso es como ir al médico y no quitarse la ropa. No sirve de nada.

La transmisión: el corazón gruñón de tu bicicleta

La transmisión es la que más sufre con el cambio de estación. El agua y el barro son sus enemigos naturales. Una vez limpia, es el momento de la revisión y el ajuste fino.

Cadena: el alma de la fiesta (o del desastre)

Tu cadena se estira con el uso. No es que se estire como un chicle, sino que los pasadores y los eslabones se desgastan, aumentando la distancia entre ellos. Una cadena estirada devora tu cassette y tus platos, convirtiendo una reparación barata (cambiar la cadena) en una muy cara (cambiar toda la transmisión).

Compra un medidor de desgaste de cadena. Es una herramienta barata y simple. Si indica un desgaste del 0.75% o más, cambia la cadena sin dudarlo. Ignorarlo es una decisión económicamente terrible.

Lubricación: del seco al húmedo

El lubricante de cera o seco que usabas en verano es fantástico… hasta que aparece el primer charco. El agua lo elimina casi al instante, dejando tu cadena expuesta a la fricción y al óxido. Es el momento de pasarse a un lubricante húmedo (wet lube).

Este tipo de lubricante es más denso y pegajoso. Su principal ventaja es que repele el agua y se mantiene en la cadena durante mucho más tiempo en condiciones de humedad. La desventaja es que atrae más suciedad, por lo que tendrás que limpiar la transmisión con más frecuencia. Es un mal menor. Aplícalo eslabón por eslabón, gira las bielas unas cuantas veces y retira el exceso con un trapo. El lubricante debe estar dentro de los eslabones, no por fuera pringándolo todo.

Frenos: porque detenerse suele ser una buena idea

El asfalto mojado, las hojas caídas y el barro en los senderos reducen la adherencia drásticamente. Tu capacidad para frenar no es negociable, es una cuestión de supervivencia. La frenada en mojado requiere más distancia y anticipación, pero solo si tus frenos están en perfecto estado.

Frenos de disco

Son el estándar por una razón: funcionan mejor en condiciones adversas. Pero no son inmunes al otoño.

  • Pastillas: Desmonta las ruedas y echa un vistazo al grosor de las pastillas. Si queda menos de 1 mm de material frenante, cámbialas. No esperes a escuchar ese horrible chirrido de metal contra metal.
  • Discos: Límpialos con alcohol isopropílico. Cualquier resto de aceite o grasa (incluso de tus dedos) los contaminará y reducirá su eficacia a cero, además de provocar ruidos espantosos.
  • Circuito hidráulico: Si la maneta tiene un tacto esponjoso o tienes que apretarla hasta el fondo para que frene, es probable que necesites un purgado. Si no sabes hacerlo, es un buen momento para visitar a tu mecánico de confianza.

Frenos de zapata

Si todavía usas frenos de llanta, el otoño te lo pondrá un poco más difícil. La mezcla de agua y suciedad en la llanta crea una película que retrasa la frenada.

  • Zapatas: Revisa su desgaste. La mayoría tienen unas líneas que indican el límite. Si han desaparecido, es hora de cambiarlas. Aprovecha para limpiar cualquier incrustación metálica que puedan tener.
  • Pista de frenado: Limpia la llanta a conciencia con alcohol isopropílico. Una pista de frenado limpia y libre de grasa mejora la mordida de la zapata, especialmente en los primeros segundos cruciales de la frenada en mojado.

Cubiertas: lo único que te conecta con la realidad

Las cubiertas de verano, ligeras y rápidas, son una pésima elección para el otoño. El asfalto frío y húmedo, junto con la proliferación de gravilla y restos vegetales, exige un cambio de estrategia. Es el momento de priorizar el agarre y la protección antipinchazos sobre la velocidad pura.

Opta por cubiertas de 28 mm o incluso 30-32 mm si tu cuadro de carretera lo permite. Un mayor volumen de aire ofrece más agarre y comodidad. Busca modelos con un compuesto de goma más blando y una capa de protección antipinchazos reforzada. Para MTB, es el momento de montar cubiertas con un taqueado más agresivo y espaciado, que evacúe el barro en lugar de acumularlo.

Y no olvides la presión. Redúcela ligeramente (unos 0.5 bar o 5-10 PSI por debajo de tu presión habitual) para aumentar la superficie de contacto y mejorar el agarre en superficies resbaladizas. No te pases, o te arriesgas a pellizcar la cámara.

Si usas tubeless, ahora es el momento perfecto para revisar el nivel de líquido sellante. Con el tiempo se seca. Rellena si es necesario; te salvará de la mayoría de los pinchazos pequeños que el otoño te tiene preparados.

Visibilidad: cómo no convertirte en parte del parachoques de un coche

Los días son más cortos. La luz es más tenue. A menudo hay niebla o lluvia. Dejar de ser visible no es una opción. Diversos estudios, como los publicados en la revista Accident Analysis & Prevention, demuestran que el uso de luces diurnas reduce significativamente el riesgo de accidentes para los ciclistas.

  • Luz trasera: Obligatoria. Una luz roja, potente y con un modo de parpadeo llamativo. No la uses solo de noche. Úsala siempre. Es tu principal seguro de vida.
  • Luz delantera: Una luz blanca para ver y ser visto. En zonas urbanas bien iluminadas, un modo parpadeo es suficiente para que te vean. En carreteras sin iluminación, necesitarás una con potencia suficiente para iluminar tu camino.
  • Ropa y reflectantes: El negro es muy elegante, pero también es el color del camuflaje nocturno. Considera usar ropa con colores más vivos o, como mínimo, con inserciones reflectantes en puntos clave como los tobillos o la espalda.

La inversión en un buen juego de luces es ridículamente pequeña en comparación con sus beneficios. No seas tacaño en esto.

Los accesorios de «confort» que sí vas a agradecer

Aquí entramos en el terreno de lo que muchos consideran «feo» o «poco pro». Pero cuando estás a 10 grados, lloviendo y a 50 km de casa, la estética importa bastante poco.

Guardabarros: el invento del siglo

No ganarán ningún concurso de belleza, pero son la diferencia entre llegar a casa con la espalda y el trasero empapados y sucios, y llegar simplemente mojado. Te ahorrarán esa bonita franja marrón en la espalda que tan poco favorece. También protegen los componentes de tu bicicleta del spray constante de agua y porquería, alargando su vida útil. Hay opciones de quita y pon para casi cualquier bicicleta, así que no hay excusa.

Bolsa de sillín bien surtida

Pinchar en verano es una molestia. Pinchar en otoño, con frío y lloviendo, es una experiencia miserable que te hará cuestionar todas tus decisiones vitales. Asegúrate de que tu bolsa de herramientas está completa:

  • Dos cámaras de repuesto (sí, dos).
  • Desmontables resistentes.
  • Una multiherramienta decente.
  • Parches rápidos (por si el segundo pinchazo ocurre).
  • Un eslabón rápido para la cadena.

Revisión final: el último repaso antes de la batalla

Ya casi has terminado. Ahora toca un repaso general para asegurarte de que todo está en su sitio y funciona como debe.

Coge una llave dinamométrica si tienes una (y deberías). Revisa el apriete de los tornillos clave: potencia, manillar, tija del sillín, sillín. Un tornillo flojo puede provocar un accidente grave. Uno demasiado apretado, especialmente en componentes de carbono, puede causar una rotura catastrófica.

Comprueba la dirección: frena con el freno delantero y mueve la bicicleta hacia adelante y hacia atrás. Si notas una holgura o un «clac», hay que ajustar la dirección. Revisa el eje de pedalier: sujeta las dos bielas y muévelas lateralmente. No debería haber ningún tipo de juego.

Por último, date una vuelta corta por tu calle. Cambia todas las marchas, prueba los frenos suavemente y luego con más contundencia. Escucha cualquier ruido extraño. Es mejor descubrir un problema a 50 metros de casa que a 50 kilómetros.

Preguntas frecuentes que seguramente te estás haciendo

¿De verdad necesito guardabarros?

Técnicamente, no. Puedes salir sin ellos. También puedes salir en invierno en camiseta de tirantes. ¿Es una buena idea? No. A menos que disfrutes del agua sucia pulverizada directamente en tu trasero y en la cara del ciclista que va detrás de ti, sí, los necesitas.

¿Qué lubricante de cadena uso en otoño?

Lubricante húmedo (wet lube). Es más denso y resistente al agua. Atrae más suciedad, así que limpia la transmisión más a menudo, pero al menos la tendrás lubricada durante toda la salida. Usar lubricante seco en un día de lluvia es como intentar apagar un incendio con un vaso de agua.

¿Debo bajar la presión de las cubiertas?

Sí, un poco. Bajar entre 0.5 y 1 bar (7-15 PSI) aumenta la superficie de contacto de la cubierta con el suelo, lo que se traduce en un mejor agarre en superficies mojadas o resbaladizas. No te pases o aumentarás el riesgo de pellizcar la cámara o desllantar si vas en tubeless.

¿Cada cuánto debo limpiar la bicicleta en otoño/invierno?

La respuesta honesta: más a menudo de lo que te apetece. Lo ideal sería después de cada salida con lluvia o barro. Como mínimo, limpia y seca la cadena y la transmisión para evitar el óxido y la acumulación de porquería. Una limpieza completa, una vez a la semana o cada dos, dependiendo del uso, es una buena práctica.


Preparar tu bicicleta para el otoño no es un acto de pasión por la mecánica, es un ejercicio de pragmatismo. Se trata de minimizar las posibilidades de que algo salga mal cuando las condiciones son peores. Una bicicleta bien mantenida es más segura, más fiable y, en última instancia, te permitirá seguir disfrutando de tus salidas sin que se conviertan en una odisea de averías y frustración. Ahora deja de leer y ve a ensuciarte las manos. Tu yo del futuro, pedaleando bajo una llovizna fría pero con todo funcionando a la perfección, te lo agradecerá.

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